Ocho años sin Chavela Vargas, una vida de pasión, amor, dolor, coraje, alcohol y resurrección

Su familia la rechazó, padeció polio y casi quedó ciega, fue de borrachera en borrachera y pagó el precio de vivir su lesbianismo en libertad. Su temperamento y estilo único la convirtieron en una artista irresistible, que enamoró a Frida Kahlo y terminó en la cama con Ava Gardner.

Este miércoles se cumple el octavo aniversario luctuoso de la emblemática cantante.

“Ve y dile a todos que no me iré”, esas fueron las palabras que, en su lecho de muerte, la mujer de pelo de plata y carne morena, le pronunció a su biógrafa y entrañable amiga María Cortina antes del último suspiro. Chavela Vargas no murió, se convirtió en leyenda hace ocho años, cuando un 5 de agosto se aferró al brazo frío de su amiga la muerte y nos dejó huérfanos de madre y lo peor, sin su voz aguardentosa con la que agarrábamos por nuestra cuenta las parrandas. Pero ese deseo de nunca ser olvidada se ha cumplido a cabalidad. En todo el mundo las amarguras no son amargas cuando tenemos su acompañamiento y su música, ese legado que sabe mejor con un tequila y de paso con el corazón roto, para que amarre, para echarle sal a la herida.

En vida, a Chavela no le gustaban los reflectores, ni el protagonismo, le gustaba pasar desapercibida, navegar en esa barca llamada olvido. Pero ahora que no está, la iglesia que fundó se sigue reuniendo para escuchar su palabra, pero que digo para escuchar, para cantarla y berrearla. Y este 5 de agosto no será la excepción. Martirio, la cantante española que le rindió tributo con el disco “Un Mundo Raro (cantes para Chavela)”, ha lanzó la convocatoria y allá iremos todos: “Hola amigas y amigos de México y el mundo, soy la cantante Martirio, enamorada de la figura y del cante de Chavela Vargas y quiero convocaros a un evento que se llama: ‘Diles que no me iré’, que será una serenata que harán mujeres jóvenes, que sin haberla conocido se han empapado de su obra y la aman también”.

Chavela tenía tantas historias que contar, como lágrimas para llorar, por al menos una de ellas. Cambió, además, los amores idílicos por el tequila, las rancheras y las mujeres; y aunque su homosexualidad fue absurdamente cuestionada, tuvo los pantalones para interpretar canciones que estaban reservadas para hombres de bigote y pistola.

La amistad la conmovía, y sus amigos se conmovían con sus palabras, como esa vez que en televisión española le preguntó a Sabina y a Serrat sobre sus sueños y sus sentimientos.

Chavela pisó firme en su mundo raro, porque a pesar del fango de las decepciones, sus amarguras lejos de producir lástima inspiraron. Sin más que una guitarra, una voz y un tequila para vencer el pánico escénico, La Vargas cantó hasta los 93. Así como México tuvo a Zapata al frente de la línea de batalla, a ella la tuvo detrás de su manto rojo con negro, tímida y silenciosa, pero igualmente revolucionara.

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