Mario Molina fue un gran aliado de la ciencia para el estado de Morelos

Los investigadores del estado extrañarán a su mentor

La clase científica mexicana vivió hace unos días una de las más lamentables noticias en el gremio, al conocerse el deceso del Premio Nobel de Química, Mario Molina, recocido por su investigación sobre los daños a la capa de ozono debido a la contaminación.

Para los investigadores de Morelos la noticia también resultó inesperada e impactante, dice la doctora del Instituto de Investigaciones Químicas de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Sandra Ramírez Jiménez, quien compartió algunos de los trabajos que realizó con Mario Molina.

“Muy lamentable la noticia que recibimos. Tuve la fortuna de trabajar con él en el año 2006, fue un trabajo de gran intensidad relacionado a la calidad del aire en la Ciudad de México; participamos un grupo de investigadores de México, Estados Unidos y Europa, un equipo muy diverso”.

En esta etapa se llevó acabo la campaña Milagro, la cual en aquel entonces conllevó la instalación de equipo de medición de la calidad del aire y luego la difusión de artículos a nivel nacional e internacional.

La investigadora recuerda al Premio Nobel de Química en el año 1995 como una persona sumamente dedicada a su labor, con mucho conocimiento que no le molestaba compartir con el grupo de científicos; además de haber sido un gran aliado de la máxima casa de estudios.

Mario Molina deja para Morelos y el país un gran legado de conocimiento como es el trabajo pionero “de investigar diversos aspectos de la atmósfera, el daño que hacen sustancias a la capa de ozono y recientemente su análisis sobre cómo los micro aerosoles que quedan suspendidos en el medio ambiente pueden ser capaces de propagar el virus que ahora combatimos”.

El regreso de Mario Molina al país por medio de la fundación que lleva su nombre deja una clara muestra del interés que tenía para seguir aportando a la investigación.

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