Dimite el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, por problemas de salud

“Mis condiciones de salud no son perfectas. Una salud pobre puede derivar en decisiones políticas erróneas” ha reconocido el mandatario nipón, que no ha precisado cuando abandona el cargo

Shinzo Abe ha presentado este viernes su dimisión como primer ministro de Japón. La causa de su decisión son los problemas de salud que ya en 2007 pusieron fin a su primer mandato y que en la última semana le han obligado a visitar el hospital hasta en dos ocasiones, lo que había despertado mucha especulación. El jefe de Gobierno más longevo en la historia del país deja tras de sí un legado inconcluso y un país en recesión. “Mi salud no es la adecuada y una mala salud puede llevar a decisiones equivocadas. En estas circunstancias no soy capaz de satisfacer las exigencias del pueblo japonés, por lo que he decidido renunciar al cargo de primer ministro”, ha declarado Abe este viernes ante los medios.

Los medios japoneses llevaban semanas especulando con su estado de salud, particularmente desde que redujera al mínimo sus apariciones públicas en mitad de una ola infecciosa de coronavirus que afectó a varias partes del país. Pero fue con su reciente visita a un hospital de la capital dos veces en una semana cuando la rumorología se disparó, haciendo pensar que su físico estaba en un estado más precario del que inicialmente se pensaba.

Abe, que tiene 65 años, ha sido primer ministro durante casi ocho años consecutivos, toda una hazaña en un país acostumbrado a que los responsables en el cargo no duren demasiado. Durante su mandato, se encargó de supervisar la recuperación de Japón tras el triple desastre de 2011 (terremoto, tsunami y desastre nuclear de Fukushima), impulsar la recuperación de la salud de la economía de la mano de su programa “Abenomics” -que combina estímulos monetarios masivos, aumento del gasto público y reformas económicas significativas-, ganarse el favor de un presidente tan impredecible como Donald Trump a base de partidas de golf o la organización de los Juegos Olímpicos que debían haberse celebrado este verano en Tokio.

Nieto de un primer ministro e hijo de un ex ministro de Exteriores, Abe comenzó su primer mandato como primer ministro en 2006. Sin embargo, tan solo un año después renunció afectado por la colitis ulcerosa que le ha forzado a dimitir hoy.

Un legado inconcluso

Abe deja el cargo de primer ministro como la persona que más tiempo lo ha ostentado, ocho años y medio. Asimismo, la semana pasada batió el récord de días consecutivos en el poder, arrebatándoselo a su tío abuelo, Eisaku Sato, premio Nobel de la Paz en 1973, quien llevó las riendas del país durante 2.778 días entre 1964 y 1.972. Muchos aducen su longevidad a la falta de alternativas en la bancada contraria más que a su carisma. “En política lo que importa no es cuántos días has estado en el puesto, sino lo que has conseguido”, sentenció entonces al respecto de su plusmarca.

En ese aspecto, Abe flaquea. El político no ha logrado completar con éxito algunas de las cuestiones centrales en la política japonesa contemporánea, como reformar la constitución pacifista impuesta por Estados Unidos durante su ocupación o resolver las disputas territoriales con Rusia alrededor de las islas Kuriles. Durante su despedida no ha esquivado la cuestión. “Me queda un año de mandato y hay muchas tareas por llevar a cabo. Debo pedir perdón por dimitir sin resolver la abducción de ciudadanos japoneses por parte de Corea del Norte ni la reforma constitucional, lo que me causa un gran pesar”.

Quizá el elemento más reconocible de su obra política de Abe sean sus “Abenomics”, la receta para devolver a Japón a la senda del desarrollo con la que se convenció a los votantes en 2012. Este programa –basado en expansión monetaria, estímulos fiscales y reformas estructurales– condujo al país a su segunda etapa de bonanza más prolongada desde el final de la II Guerra Mundial. La coyuntura, no obstante, vuelve a ser complicada: la pandemia ha sacudido a la tercera economía mundial, de por sí frágil. El Producto Interior Bruto nipón sufrió el trimestre pasado su mayor caída en siete décadas, agravando la recesión tras tres periodos consecutivos en números rojos. No ayuda que los Juegos Olímpicos de Tokio de 2020, un proyecto que Abe defendió como parte de su legado, hayan sido aplazados al año que viene.

Comienza ahora una carrera por la sucesión dentro de las filas del Partido Liberal Democrático. El mejor colocado es Suga Yoshihide, actual secretario jefe del Gabinete. La consultora Eurasia auguraba en un informe reciente que Suga, pese a mantener un perfil menos conservador e internacionalista que Abe, mantendría las líneas generales de acción del gobierno en caso de ser elegido. El siguiente es Aso Taro, ministro de Finanzas y viceprimer ministro, quien asumirá de manera interina las riendas de la Administración. La lista incluye asimismo al ministro de Defensa Taro Kono, quien ha ganado enteros en los últimos meses. Aunque con menos posibilidades, entre los candidatos también se cuenta a Kishida Fumio, exministro de Exteriores considerado el delfín de Abe; así como su principal adversario dentro de las filas del partido, el extitular de Defensa Ishiba Shigeru. Las próximas elecciones generales están programadas a priori para octubre de 2021, aunque cabe esperar que el nuevo líder opte por adelantar la fecha para obtener la legitimidad de las urnas.

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